En el momento mismo del descenso la luna no quiso preguntar nuestros nombres, era obvio para ella que ambos éramos extranjeros en aquel lugar; cuatro extremidades, diferentes sexos… Humanos, dedujo al parpadear. El ambiente era propicio, la atmosfera lunar conspiraba volviendo factible el amar, haciendo de la falta de gravedad la mejor de las superficies para tus pretensiones y mis deseos de pecar. Los días, semanas y meses fueron difíciles de diferenciar ante la falta de sol, y la nada por horizonte en aquella oscura e infinita bastedad… definitivamente la eterna noche espacial representaba la mejor de las amistades entre el deseo y la humanidad. Por momentos me sentí volar, con tu cuerpo en el vasillo rozando mi débil y limitada racionalidad, sin embargo, al cabo de mil noches, como vos y yo llamamos a nuestros cuerpos en total unidad, sentí pedirte con una inexplicable vergüenza y pudorosa necesidad, no te desnudes todavía, que aun hay gente intentando llegar, d...
Quizás y algún día el amor te toque, María Dolores, pero mientras eso sucede, que tu amor no se desborde.