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María de los Ángeles González y el Señor Feudal


Los días son jóvenes cuando María despierta ante los primeros destellos del alba. Los campos gozan y ríen de alegría, las rosas lloran el roció matutino al llegarles los primeros rayos de sol del nuevo día, humanidad y naturaleza en total armonía. Joven de edad, obligada a trabajar y madurar antes que los otoños de la vida hagan caer de su cuerpo los años cual si fueran hojas, mismos que al pasar de uno en uno le darán ese estado superior de razonamiento y comprensión que la mayor parte de adultos añoran y desean con devoción.

-¡María! Levántate que ya pronto amanecerá- Gritaba agitada doña Mercedes abuela de la que no quería despertar…

-Un minuto más abuelita, que a mordidas y patadas me separo de mi cama mas esta no me quiere soltar- Contesto María de los Ángeles con tremenda vivacidad.

-Anda Muchacha no me hagas suplicar, mira que al señor de la casa no le gusta esperar, mucho menos cuando de su alimentación se trata y máxime si del desayuno vamos a hablar- Con total franqueza y benevolencia la abuela la invito a colaborar.

Al cabo de cinco larguísimos  minutos de espera  nuestra pequeña mujercita se incorporo a las tareas del hogar e hizo espacio para los trozos de leña que en la hornilla doña Mercedes habría de colocar para avivar el fuego y calentar la vieja cafetera y los frijoles que mas tarde en la mesa del patrón habrían de terminar. De pronto como por arte de raciocinio y no de casualidad, María hizo a su abuela una pregunta que esta jamás habría de olvidar:

-Abuelita, ¿vivimos bajo el poder de un señor Feudal?- con total naturalidad la niña había logrado preguntar y con entera tristeza doña Mercedes no hizo más que negar:

-No hija, los señores Feudales no existen mas, eso fue allá en los tiempos de inquisición- Con confianza la abuelita explicó más no convencida de la veracidad de su contestación.

-Es que yo pensé que nuestro patrón era uno de esos señores ya que tú y yo vivimos y respiramos por su voluntad y no pensamos más que en trabajar y trabajar para su total tranquilidad, lo confundí con lo que en la charla de catecismo la hermana Virginia el domingo nos logro enseñar- con una voz frágil y confusa María de los Ángeles a su abuela logró tranquilizar… mas esta curtida de años y experiencias a su pequeña nieta  con estas palabras pudo aconsejar:

-No desmayes hija mía que aunque en estos tiempos saber de más es pecado algún día las cosas cambiaran y aunque aun no vayas a la escuela algún día entenderás que callar no es pecado y mucho menos acción de cobardes, en cambio aceptar las cadenas  que nos vuelven esclavos es peor que callar- con fe y esperanzas aquella pobre abuela logro sentenciar.

La mente de un niño cual sea la edad no comprende nada de eufemismos y sistemas económicos que destruyen la dignidad. Sin embargo, siente y percibe en su entorno lo que es luchar por vivir que es lo mismo que sobrevivir y diferenciarlo de lo que es vivir en libertad.

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