La arquitectura de la ciudad era imponente y mucho más evidente, el avance de quienes alguna vez habitaron lo que hoy sólo es el vestigio de una civilización que dijo adiós mientras el tiempo parpadeaba. Las estructuras se encontraban intactas, todo parecía una muy mala broma de la relatividad. La población había desaparecido súbitamente de la noche a la mañana. Todo estaba en orden, los semáforos aún funcionaban, las fábricas, plazas y centros de trabajo lucían impecables. Quizá y el desfase temporal me trajo un minuto más tarde. Ahora nadie podrá confirmar mi teoría. Lo cierto, es que la ciudad susurra entre callejones y rascacielos que la humanidad se encuentra ausente. Habrá que hacer el salto nuevamente
Póster oficial de la cinta Hablar de "Roma", de Alfonso Cuarón, es hablar de mucho más que una simple y mera "producción" cinematográfica. Describirla, es recordar el cine mexicano y su vieja cinematografía a blanco y negro, pero multicolor en todos los demás sentidos. Reseñar “Roma”, es tocar la médula social del trabajo doméstico femenino en el México de principios de la década de 1970; es palpar las fibras de la familia de clase media mexicana y encarnarnos en su realidad. El poder del "blanco y negro" de la Época de Oro del cine mexicano Alfonso Cuarón logra — magistralmente — contarnos en 135 minutos una historia llena de sellos personales, en la que brillantemente alcanza a extasiarnos con apoteósicas transiciones fotográficas y mostrarnos el universo que puede contenerse en el amplio y basto espacio que representa el “ streaming multimedia ” de “Netflix” y, en el mejor de los casos, todo aquello apreciable desde la comodidad de ...

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